ANTIDOPING A LOS CUATRO FANTÁSTICOS
Por Gerardo Reyes Gómez.

Ese día aquellos dos amigos se encontraron casi en el extremo de la plaza, no lo podían creer, hacía mucho tiempo que no se veían, sin embargo se abrazaron con afecto y el apretón de manos hizo renacer en ellos la añoranza de tiempos más felices. Había una desinteresada y genuina alegría; el dúo, con cada ocurrencia, revivía emociones, risas o, de plano, incontrolables carcajadas.
  Caminaron y charlaron por un rato largo, cuando uno de ellos se percató de aquel rostro, de color verde amarillento, plasmado en el cartel de plástico publicitario pegado al poste de la luz. Como en todos los postes de muchas cuadras a la redonda, la propaganda de los precandidatos en campaña ensuciaba un poco la ciudad. Girando la mirada para ver de frente a su amigo, le preguntó al otro, al periodista ¿acaso ese es tu candidato?
El otro meneó la cabeza y dijo: ya sabes, no soy un hombre de partido; procuro mantenerme tan alejado como puedo de las contiendas políticas, aunque, a veces, debo confesarte, inconscientemente y sin proponértelo le das tu credibilidad al menos malo de los contendientes que puede llegar a la Presidencia.
Su acompañante le respondió: "pues no te vayas con la finta, por que ese cuate es perico". 
--¿Cómo que perico, acaso lo dices porque no para de hablar y lo hace sin mucho sentido? O quizá ¿porque está muy verde para el cargo que ejercerá desde Los Pinos?
Claro que no, hombre, lo que pasa es que, cuando a solas siente la necesidad de su adicción, él se da de "pericazos" con nieve de la más fina.
Ah carajo. ¿Estas seguro?
¿Cuándo te he mentido? Lo sé de la fuente más confiable y no te doy su nombre porque pondría en peligro su vida. ¿Estás poniendo mi palabra en tela de juicio?
El otro, circunspecto, recordó que por avalar la palabra de su amigo sería capaz de meter las manos al fuego. Y luego, al fin y al cabo periodista, se prometió, para su coleto, publicar una proposición: que la prueba antidoping se hiciera obligatoria para los cuatro fantásticos del partido tricolor. Aceptar que un vicioso pudiera llegar a la Presidencia y, por esa circunstancia, ser sujeto de chantajes en contra de la nación, le ponía los pelos de punta.
¡Qué pasa con esta méndiga dirigencia del Estado que ignoró los reportes del Cisen, de Inteligencia Militar y de Inteligencia Naval, los cuales forzosamente tendrían que haber consignado que uno de los candidatos del partido oficial es dependiente de las drogas llamadas duras y aun así lo hicieron precandidato. Pensó, para estas alturas si lo sé yo, lo saben la CIA y la DEA. ¿Acaso el jefe del Ejecutivo entró en complicidad para hacer tan tremendamente vulnerable al próximo jefe del Gobierno y, de paso, al Estado mexicano?
Vaya problemón el que tenía el periodista. ¡Carajo! Exclamó por lo bajo, y se preguntó: ¿por qué tenía que ser a mí a quien se lo dijeran? A partir de ahí se acabaron las risas y las carcajadas.