Linea Directa


JORGE CASTAÑEDA ES ALGO MÁS QUE UN CANCILLER
Por Gerardo Reyes Gómez (LD 09-09-02)

El Gobierno de México tiene un problema muy grave con el canciller Jorge Castañeda Gutman, quien es calificado como: un poco más proyanqui que promexicano; un poco más de derecha que de izquierda; algo más leal a George Bush que a Vicente Fox; un tanto más afeminado que varonil; algo más cosmopolita que patriota; un poco mas chueco que derecho; un bastante más judío que católico y mucho más pragmático e inteligente que el resto de los precandidatos perfilados a la Presidencia de la República.

Desde luego, todas las valoraciones mencionadas no fueron obtenidas en el fértil campo social donde recaba el Poder Ejecutivo los datos para sus encuestas dirigidas a legitimar sus políticas, y mucho menos en lugares apartados como la región de la montaña en Guerrero o en mercados populares como la Central de Abastos cuyos clientes y locatarios sólo se ocupan de las actividades propias de la supervivencia. No, esas calificaciones de nuestro insigne canciller están en boca de gente bien informada, de gente que lee y escribe libros, de líderes de opinión seria y responsable, de artistas e intelectuales e, incluso, hombres de ciencia, de personas que cuentan con voz e influyen marcadamente, cuando se lo proponen, en sus ámbitos de acción, en fin personas todas pertenecientes a círculos de la élite pensante mexicana.

Por otra parte en las representaciones del cuerpo diplomático acreditado en México, tienen una bien formada opinión del canciller mexicano, aunque difícilmente la expongan ante extraños: Castañeda tiene un pleito personal con Fidel Castro que influye en su desempeño como canciller porque pone en peligro los equilibrios diplomáticos de la región, con lo cual debilita las posiciones de la unidad latinoamericana y, consciente o inconscientemente, beneficia al imperio y a sus centros de poder mundial.  

Algún tipo de calificativos aplicados al canciller para nada nos interesa abordarlos; son personales y de su vida íntima Castañeda puede hacer un papalote. Sin embargo, las otras, las que afectan su vida pública, son tan graves que inquieta saber que quien se dice representar los intereses nacionales ante el exterior, en realidad está llevando a cabo su propio juego de poder para alimentar sus ambiciones, sus fobias y vendettas personales y, sin ocultar sus preferencias, dar paso a sus sueños de grandeza aspirando ilegítimamente a la Presidencia de México.

Si el señor Castañeda no esta de acuerdo con las opiniones vertidas en Línea Directa, o con algún enfoque particular, está en pleno derecho de ejercer la réplica en este mismo espacio. Sin embargo, si renuncia a ese ejercicio consagrado por la ley, asumiremos la conclusión que dicta: “el que calla, otorga”.


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