EL CUARTO RETO DE VICENTE FOX
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 30-08-00)

Muy pronto el presidente Vicente Fox deberá enfrentar el cuarto gran reto de esta etapa de su mandato. Los primeros tres, hasta hoy, los ha sorteado con más o menos éxito; se ha encarado a las fuentes de poder: la Iglesia, los financieros y empresarios y el Ejército. Con los dos primeros, como era de esperarse, las cosas se vistieron de terciopelo pero, a contrapelo de lo anterior, Fox debió doblegarse ante la enérgica posición de las fuerzas armadas. Estas gozan de una histórica cláusula de autogobierno parcial, y obedecerán al jefe del Estado, con entrega, honor y lealtad, mientras sientan que las órdenes no van en contra de los principios que mantienen erguidas a esas instituciones.

Sin embargo, el cuarto reto se refiere a otra fuente de poder real: el narcotráfico; una institución no formal que, nacida al amparo de los gobiernos de la Revolución, creció, se desarrolló y alcanzó dimensiones de un negocio de Estado con ramificaciones globalizadas. Un fenómeno surgido bajo el signo de la delincuencia internacional y de las ingentes necesidades y apetitos de las sociedades imperiales.

La falta de los recursos provenientes del narcotráfico que anualmente se inyectan a nuestra economía, pondría en serios aprietos algunos importantes proyectos de expansión. En la práctica, imbricada con la red de poder político del gobierno del Estado, la cual proporciona la indispensable protección e impunidad, se encuentra otra red que maneja físicamente operaciones de producción, tránsito, mercadeo y distribución. Y en el ámbito de sus correlativas ganancias, el acopio y  lavado de los recursos, para cumplir con el ciclo regenerativo, el de la reinversión.

Aunque Fox, de tiempo atrás se ha referido a este problema, ha sido muy cauto para decir cómo y cuándo tratará de resolverlo. Desde luego, don Vicente podría lanzar una guerra frontal contra el narcotráfico pero, como en toda guerra, habría muchos muertos. Especialmente cuando los políticos más importantes, aún enclavados en el Gobierno, no están dispuestos a renunciar a los multimillonarios beneficios que se derivan de un giro negro, que los hace vivir como super blancos. Los políticos priístas no se resignan a soltar el control de los instrumentos, mediante los cuales durante tantos años le han vendido impunidad a la delincuencia internacional.

Como negocio de Estado, la impunidad para el narcotráfico dimana directamente de Los Pinos y por lo menos un funcionario de muy alto nivel de la Presidencia tiene la responsabilidad de coordinar lo necesario para no poner en peligro ni al negocio, ni al Estado. En tiempos pretéritos, la operación la llegó a supervisar directamente un presidente, con su ahora recientemente fallecido, secretario de la Defensa Nacional. Hoy las cosas son distintas, pero lo importante es el futuro.

El narcotráfico ha crecido y ha echado profundas raíces en nuestro sistema económico. Fox todavía no está plenamente consciente del escenario real y sus implicaciones. Es más, la decisión de terminar con el narcotráfico, así como con la corrupción, no depende de él, porque en materia de geoeconomía política no somos autónomos. Y, para acabar de complicar las cosas, primero deberá definirse quién ganará las elecciones presidenciales en EE.UU. Mucho depende de eso, aunque Fox aún no lo comprenda.