ZEDILLO Y SU SEGURIDAD PERSONAL
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 26-07-00)


El ejercicio del poder conlleva juntos sus costos y beneficios; pronto Ernesto Zedillo podrá paladear sus mieles, pero también el amargo trago de la cicuta; hay mucha rabia en la vieja clase política que llevó al poder al actual mandatario y, de poder hacerlo, bien pueden tratar de cobrarse los agravios.

Abiertamente se habla de que Zedillo ya no podrá caminar solo y tranquilamente por las calles de las ciudades mexicanas, sin peligro de que lo maten sus cientos de miles de ofendidos compañeros de partido y, si esto es verdad, se estará confirmando una nueva costumbre de aquellos que ejercieron el poder presidencial: como en el caso de Carlos Salinas, el sitio más seguro para salvaguardar la integridad física de los ex presidentes mexicanos será aquel que está fuera de nuestras fronteras.

Nunca como en el actual sexenio crecieron tanto la delincuencia organizada, el narcotráfico, el robo en despoblado, el fraude institucionalizado (como en el caso del Fobaproa) la sistemática violación de los derechos ciudadanos, la depauperización de las masas campesinas y urbanas y, además, se atacó con tanta saña al poder adquisitivo de los mexicanos, para beneficiar las bolsas del gran capital. Todo ello produjo una rabia desmedida en contra de quien creen culpable o que, al menos, consideran como el responsable, por no haber evitado la debacle de la injusticia social. Especialmente cuando consideran que, un economista como Zedillo, sí sabía cuáles serían los efectos generalizados de la aplicación de un neoliberalismo a ultranza que castiga salvajemente a los numerosos en favor de las élites dominantes.

En la práctica Zedillo también es responsabilizado de haber ejercido la peor política educativa de los últimos sexenios, habiéndole entregado a Miguel Limón, el tristemente célebre hombre gris del Gabinete, la cartera de Educación, lo cual produjo un deterioro aun más marcado en los niveles de calidad de la educación. Como si con ello se pretendiera, obedeciendo a un objetivo perfectamente deliberado, abatir los índices de preparación profesional de los mexicanos, para poder hacerlos científica y tecnológicamente más dependientes del extranjero, y obligando a los nacionales a reforzar el papel que el imperio les ha asignado, como maquiladores, ensambladores o productores de jardineros para exportarlos al mercado exterior.

Por lo anterior, Ernesto Zedillo deberá, a partir del primero de enero del 2001, velar por su seguridad personal y ninguna precaución podrá ser considerada superflua; le va la vida en ello, porque dicen por allí que: el que la hace, la paga.