EPÍSTOLA AL PRESIDENTE VIRTUAL, MR. FOX
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 25-07-00)


Señor Fox: con todo el debido respetillo que se merece un hombre que logró, con cinco años de anticipación, montarse sobre su partido, auto nombrarse precandidato presidencial, formar un club de amigos muy efectivos y lograr los consensos financieros y empresariales del imperio a su favor, me permito, como es costumbre a estas alturas del partido, sugerirle algunas ideas que podrán consolidar su prestigio y popularidad.

En primer lugar, usted debe patentar, si no lo ha hecho ya, esa famosa hebilla con la palabra mágica "Fox" que, obedeciendo al embrujo de la voz de Sésamo, abre enormes cavernas repletas de riquezas, como joyas, de pedrería maravillosa, engarzadas en metales de alta nobleza, de perlas de brillante oriente, de ópalos traslúcidos de refulgente policromía y, claro está, de puestos en la administración y el Gabinete Presidencial. Pero, por favor, no se olvide de las botas.

Me refiero a esas exquisitas botas cuyo grabado en el frente llevan la divina palabra que pateará traseros a granel de priístas corruptos, familias de burócratas empedernidos y vividores del sistema. Esas famosas botas que reclamará la historia para ser colocadas en el museo del remodelado Castillo de Chapultepec y que podrían alcanzar en unos años una cotización multimillonaria en cualquier subasta de coleccionistas  de rarezas del primer mundo. Recuerde usted, esas botas no merecen perderse en el olvido; ellas son un símbolo patrio que trascenderán en la historia de México, gracias a que sobre ellas caminó la gloria que iluminó Los Pinos; con ellas se pisó a la corrupción y lograron hollar la septuagenario orgullo de los miembros del  ex partido oficial.

Sin embargo, como ya habrá usted notado, mi querido presidente, me dejé para el final el platillo fuerte: los bigotes. Esos bigotes que merecerían ser pintados por Salvador Dalí, si viviera, para ser inmortalizados en un lienzo al oleo que viniera a sustituir esa obscura y decimonónica imagen de Palacio Nacional, del Juárez indígena que, en desuso con el advenimiento de "la Gloria eres tu", ya nomás sirve para puras vergüenzas. Ahora la moda obliga a pensar en ancestros de rancia alcurnia, como el buen whisky de malta de origen escocés o, ya de perdida, en los españoles Quijada, inmortales personajes del manco de Lepanto.

Le ruego señor Fox, me otorgue mil disculpas por importunarlo con algunas ideas, mismas que están pululando en cientos de miles de cibercerebros de priístas distinguidos y que, por temor al qué dirán, no se atreven a comunicarle. Como yo no tengo pelos en la lengua y menos en la pluma, pues aprovecho la ocasión para, como siempre, decirle lo que siento, esperando que le sea de mínima utilidad. Vale.