EL DEDO TAPADO
Por Gerardo Reyes Gómez. (M 05-19-99)

Como montado a horcajadas sobre las notas culminantes de la opera El Buque Fantasma de Ricardo Wagner, así el doctor insólito, Ernesto Zedillo, después de interpretar un pianíssimo pasaggio, entró en un crescendo magestuoso. Con un grito que desbordó las fronteras nacionales, el presidente se auto calificó  campeón de la democracia en México; Nunca nadie había mostrado tanto desprecio por la inteligencia de este pueblo.

¿Cómo se atreve el insólito doctor a imaginar que en nuestro territorio la densidad de idiotas sobrepasa, con mucho, al índice de gente con suficiente lucidez para darse cuenta de la mascarada que él preparó en el PRI para engañar a propios y extraños?

¿A quién cree que engaña el presidente, cuando le da la responsabilidad del conteo de los distritos en que ganará su candidato a un nuevo ombudsman electoral que fue investido como consejero político nacional, en los minutos previos a la celebración de la última junta de consejo?

¿A quién le quería ver la cara el señor de Los Pinos cuando diseñó una estrategia infantil, para que su hombre se auto destapara, en un céntrico hotel de la Ciudad de México, mientras el mandatario  se encontraba  visitando el Estado de California en EE.UU.?

¿Se habrá dado cuenta el doctor insólito que sus intentos de pasar a la historia como el gran democratizador lo han convertido en el teatral creador de una nueva figura política la de: "el dedo tapado", en contraposición de la vieja figura de "el tapado", término con el cual antiguamente se designaba a un personaje como don Pancho Labastida?