EL PRESIDENTE ESTÁ HERIDO
Por Gerardo Reyes Gómez. (M10-23-98)


Esta es la breve historia de un presidente mexicano que en un reciente viaje al extranjero se cortó un dedo... y la punta de la lengua. Ante la peligrosa hemorragia (y verborrea) los asistentes del Estado Mayor Presidencial le recomendaron, ya en Europa, presentarse a recibir ayuda médica a la Cruz Roja Internacional.
La benemérita institución, a la que Peter Drucker, el célebre y lúcido economista inglés, calificó equivocadamente de la primera institución transnacional en el mundo, se negó a prestar atención alguna al distinguido visitante, aduciendo que el presunto mandatario era un irreverente y descreído ciudadano del tercer mundo, quien no guardaba el mínimo respeto a Cruz Roja Mexicana.
Mientras tanto, la creciente palidez del Ejecutivo mexicano presagiaba una tragedia. El dedo, que sus predecesores utilizaron con toda liberalidad para designar a sus sucesores, ya acusaba señas de descomposición, por falta de irrigación sanguínea. Y, desde el cuartel general del partido en el poder, surgió la brillante idea de realizar un trasplante del famoso índice. Así se lo comunicaron mediante un fax confidencial, enviado al "módem" de la "lap top" presidencial.
Un mandatario sin dedo, no es mandatario, le habrían dicho los representantes del senecto grupo de los dinosaurios. "Necesitamos la divina luz que viene del Demiurgo de Los Pinos, para no perder nuestra identidad y traicionar nuestras tradiciones. Sin el dedo que nos guíe somos nada, estamos perdidos."
En esas estaban cuando un diligente y muy nervioso general de su Estado Mayor se le acercó para decirle al oído: "mi jefe, con todo respeto, se lo están llevando al baile. La otra transnacional que Drucker no mencionó es la Iglesia y es mucho más vieja que la Cruz Roja, pero ahora las dos, aliadas, le están presentando un frente común. Don Norberto, de acuerdo a las profecías de Nostradamus, sueña con ser si no el Papa negro, si el primer Papa moreno, y está defendiendo su coto de poder como a su campaña anti condón, así que o se cose usted el dedo para volver a utilizarlo, o se trasplanta uno nuevo, aunque lo pida prestado a Miguel de la Madrid; tomando en cuenta que a él le encantará la idea, aunque luego le apoden Popeye, el Mocho."
Ya encarrerado, el general asistente prosiguió: "lo único que debe usted tomar en consideración, es que si "el Orejas" decide cobrar venganza, por los de su incómodo hermano y llega a Los Pinos uno de sus muchos incondicionales, entonces le cobrarán a usted y a su familia hasta la última factura, pasando por Paulina y por la Paca".
El Presidente, pensativo, se quedó mirando el aún no cicatrizado muñón del índice y, asumiendo la personalidad de un consumado actor, calmado, y como no quiere la cosa, dijo: "apoco se creyeron lo del dedo. No se hagan bolas, es un truco". Levantó el auricular de la red, tecleó con el dedo medio un número y vía módem preguntó: "Liébano ¿aún tienes en tu cajón mi dedo de repuesto?"