LA CRISIS DE LA TECNOCRACIA
Por Gerardo Reyes Gómez. (F 06-17-98)


El Dr. Ernesto Zedillo y su pandilla de ineptos, los tecnócratas como: José Ángel Gurría, Herminio Blanco, Guillermo Ortiz y Luis Téllez, no merecen gobernar. Esta, tan concluyente aseveración, merece ser probada utilizando la contundencia de los hechos de la candente realidad.

Si solamente contáramos con la evidencia del crecimiento de los índices de pobreza en México y sus más de 40 millones de indigentes, para calificar la actuación de los responsables de la economía, llevaríamos ganada la mayor parte de nuestro propósito, pero hay más, mucho más.

Es muy probable que el club de los tecnócratas imagine que está gobernando a un rebaño de estúpidas ovejas, muertas de hambre, incapaces de percatarse de que el modelo de la globalización, impuesto por los organismos financieros internacionales a los países del tercer mundo, conlleva a la concentración de la riqueza y del poder económico y político de las naciones. Que, para lograr lo anterior, se desnacionaliza a la educación, se trastocan los valores sociales, se fomenta la corrupción en todas los niveles de las administraciones políticas locales y se proponen y aceptan prácticas, como la de idealizar la concentración del capital, sobre cualquier otro valor moral que, en el pasado, haya servido de motor para incentivar la competencia social.

Es probable, insisto, que el Dr. Zedillo y sus lugartenientes piensen que no somos capaces de evaluar la primera gran crisis de la golobalización que está azotando a nuestro país, así como a otras economías del "Dragón Asiático".

Sin embargo, lo que pasa en México y esas naciones, no es, de ninguna manera, producto de la casualidad, la suerte o la mala fortuna. Ello es el resultado de un proceso de decisiones, de la interdependencia, de la flexibilización de las legislaciones, de la penetración a las soberanías y la pérdida del uso del libre albedrío en la toma de decisiones de las dirigencias nacionales.

El derrumbe de los petroprecios y los ataques a las monedas nacionales, para provocar las devaluaciones de la fuerza de trabajo, porque, al fin y al cabo, la fuerza obrera se paga en esas monedas locales, no son, tampoco, una casualidad. Los tecnócratas mexicanos saben que detrás del actual modelo existe un grupo impulsor que ha logrado concentrar un extraordinario poder de decisión, tan fuerte como para imponer, a la mayoría de los Estados-Nación, su visión del mundo del futuro.

Un planeta donde se privilegie la información, la tecnología y la especulación, como moneda de cambio, y se desestime la producción de bienes y servicios. Así, el conocimiento de las debilidades económicas de los Esta

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