UN BORRASCOSO 70 ANIVERSARIO
Por Gerardo Reyes Gómez. (E 03-10-99)


Al presidente Zedillo pronto lo atacará el síndrome de la mamá alacrana. Probablemente el lector haya observado alguna vez cómo procrea un alacrán hembra; los pequeños alacrancitos apenas se mueven y ya comienzan a alimentarse de la madre, hasta dejarla totalmente hueca; en el puro cascarón.
En cuanto se conozca el nombre del candidato del PRI, se presentará "la cargada", ese fenómeno de adhesión priísta por medio del cual se hace manifiesta una enorme lista de "amigos", compañeros de banca, incondicionales de toda la vida, parientes (cercanos y lejanos) socios, seguidores y hasta los cómplices de infantiles o adolescentes pillerías, para ponerse a las órdenes del nuevo señor.
Será entonces cuando, con un inhumano desdén, esos priístas distinguidos comiencen a carcomerse la imagen de Ernesto Zedillo Ponce de León hasta dejarla como cascarón vacío, lo cual, inevitablemente, terminará por romperle el alma.
En el acto de celebración del 70 aniversario del más vetusto de los partidos mexicanos, Zedillo le dio un sorbo a la sopa de su propio chocolate.
Al abordar el tema central del mensaje, el de la sucesión, repentinamente lo atacó una rara mezcla de emociones y sentimientos, como: la ira, el miedo, el rencor, el desdén, la desconfianza y la recriminación. El resultado fue que a punto estuvo la voz de quebrársele y, con los ojos humedecidos, por el presagio de una furtiva lágrima, les reclamara a sus copartidarios la falta de solidaridad y comprensión para interpretar sus mensajes.
Cuando el presidente afirmó que se cortaría el dedo, significaba que lo haría nada más hasta la mitad. Pero si la media amputación dolía, para él era mucho más traumático la falta de respeto que últimamente le estaban demostrando aquellos, cuya ingenuidad les había hecho pensar que no haría valer sus hipotéticos 17 millones de votos que lo llevaron a obtener la mayor votación de un candidato del PRI, en la historia del país y del partido.
El doctor Zedillo reclamaba respeto, mucho respeto. No para él en lo personal, pero si, al menos, para la institución que representa en la estructura de poder de la política mexicana.
Lo malo fue que el presidente ésta vez no consultó a su experto de cabecera: el doctor Juan Ramón de la Fuente, quien, en corto y en directo, honestamente le hubiera dicho que en la naturaleza del
zoon politikón aristotélico, como en el resto de la selva, un animal no debe demostrar debilidad ante tan enorme número de predadores, como los reunidos el pasado 4 de marzo en el Auditorio Plutarco Elías Calles del PRI. Como animales prestos a la caza, los priístas olían el miedo y les molestaba la rabia que les demostraba su presa; porque, debe quedar claro, Doctor Zedillo, el respeto no se pide ¡se gana!
Indudablemente que el presidente tomará medidas tendientes a rescatar el control del proceso de la sucesión, característica fundamental del presidencialismo mexicano, pero la lucha está abierta y los costos serán bruta

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