LOS PELIGROS DE UN GOLPE DE ESTADO
Por Gerardo Reyes Gómez.(B 08-14-98)

Aquellas históricas palabras de los nobles de Aragón: "Nos, que somos iguales a vos, y juntos más que vos..." las cuales, en boca de Porfirio Muñoz Ledo, le parecieran al doctor Ernesto Zedillo una bofetada, cuando fueron pronunciadas durante el anterior Informe Presidencial, ahora tomaron pleno sentido, al verse obligado el Poder Ejecutivo a retirar su Proyecto de Ley del Fobaproa.

Sin embargo, el presidente no está de rodillas; en realidad éste ha dado apenas un pequeño paso para tratar de evitar el desmantelamiento del sistema político. Grupos de alto nivel del partido oficial lograron detectar una tendencia que desembocaría en un enfrentamiento entre las instituciones del Estado. Las condiciones políticas y sociales que prevalecen en el país, hacen plausible la conspiración para, por medio del golpe de Estado, acelerar un cambio de mandos en la nación. Ese mecanismo aún no ha sido desactivado plenamente.

Los altos jefes militares todavía no han tomado plena conciencia del importante papel que están jugando en el asunto. Algún grupo, de los considerados como fuente de poder real, ha considerado la posibilidad de establecer canales de comunicación con miras a calentar los oídos de las fuerzas armadas. La iniquidad que permea las estructuras sociales coadyuva a extender el aun soterrado grito de justicia para acabar con la impunidad.
El trinomio formado por el gobierno, los empresarios y la Iglesia ha comenzado a fracturarse. Ya ni entre ellos hay confianza, aunque debe reconocerse que los lazos más fuertes entre las partes son aquellos que fueron anudados por la complicidad, como los que se dan entre gobierno y el poder económico.

Por lo anterior, cobra especial importancia la fórmula que deberá encontrar el Congreso para enfrentar los problemas del Fobaproa, y quién deberá pagar los costos políticos y legales de un fraude de descomunales proporciones. Hasta ahora el Ejecutivo solo ha ganado un poco de tiempo. La solución total no está planteada, porque al final del túnel se encuentra la quiebra del sistema bancario nacional o la reforma total del Estado. El doctor Zedillo todavía puede ser el héroe, el villano o, como Francisco I. Madero, la víctima de su inconsciencia, de su inocencia o de grupos de poder que lo han utilizado sin ofrecerle el mínimo respeto.