HUELE A TRAICIÓN EN LOS PINOS
Por Gerardo Reyes Gómez. (B 07-03-98)

Ayer cumplió seis meses don Pancho Labastida Ochoa de haber sido nombrado Guardián del Sello del Estado y, como lo vaticinamos al día siguiente de su designación, el desgaste del tercer secretario de Gobernación, en el sexenio, ha sido brutal. Sin embargo, aunque endeble, aún se mantiene como uno de los prospectos en la sucesión presidencial.

Lo lamentable de la situación anterior es que para mantener políticamente vivo a don Pancho, el Dr. Zedillo ha tenido que  encabezar él la batalla para tratar de solucionar el caso Chiapas. Pero,  ¡ojo!, Esta no es la razón más importante por la cual el presidente se ha visto obligado a jugarse lo mejor de su ya de por sí deteriorada imagen; de hecho, al jefe del Ejecutivo le han dicho que intente salvar al país de una probable intervención de la nación más poderosa del planeta para solucionar lo que nosotros hemos sido incapaces de resolver. Entonces, desde su personal perspectiva, él está siendo patriota.

Lo que sospechosamente nadie le ha dicho al presidente es que uno de los valores políticos más caros de cualquier nación es la imagen del líder y,  si no se ocupa él de cuidarla está vulnerando la fortaleza del Estado.

Si no supiéramos que Córdoba Montoya ha dejado de ser jefe de la Oficina de la Presidencia,sospecharíamos que, otra vez,  esa nefasta influencia se ha adueñado de Los Pinos, porque la probabilidad de que el Dr. Zedillo resuelva el conflicto de Chiapas, sin sufrir un grave deterioro personal, es prácticamente nula.

El presidente tendría que entender su papel de árbitro de las fuerzas políticas del país y que, para desempeñar ese importante papel, requiere ejercer la imparcialidad a la que le obliga su investidura.  Como un antiguo emperador romano, un líder no salta a la arena del circo para hacerla de gladiador,  si alguien no le ha dicho al presidente lo anterior es porque lo están traicionando.