LA "LIBERTAD" DE PRENSA, DESDE LOS PINOS
Por Gerardo Reyes Gómez. (BD 06-10-98)

Quien haya tratado alguna vez al Dr. Ernesto Zedillo, aunque sea de manera fugaz, se habrá percatado de que es una persona completamente sencilla y normal.

Ahora bien, decir que el señor presidente posee una personalidad sencilla, significa que, como casi todo el mundo, él se desempeña mejor en al ámbito de su conocimiento, esto es, en el de la economía. Sin embargo, eso lo convierte en una persona sumamente vulnerable en materia política, donde casi todos coinciden en que no es particularmente brillante. Y, si no es una lumbrera, políticamente hablando, entonces es un mandatario altamente dependiente.

En ese aspecto no conozco a una persona más influyente en el ánimo presidencial que el licenciado Liébano Sáenz, su secretario particular; un colaborador con alta sensibilidad y el suficiente coeficiente intelectual como para haber mantenido una larga relación, que se antoja pletórica de laltad hacia un jefe que necesita filtrar la realidad política a través de los ojos, oídos y el talento de su funcionario más cercano, en quien ha depositado su total confianza.

Los éxitos y fracasos de la actual administración son, pues, compartidos, aunque la responsabilidad sea sólo del presidente. Es en el aspecto del control político, y especialmente de los periodistas de diferentes medios, donde la crítica podría ser más puntual para el poderoso secretario del jefe del Ejecutivo.

Quizá con el ánimo de preservar la figura presidencial, más que la suya propia, el licenciado Sáenz ha cometido excesos. Y, a propósito del Día de la Libertad de Prensa, algunos compañeros de los medios acusan al funcionario de haber infiltrado personas de su confianza o empleados a su servicio, para mantenerlo informado de las tendencias de la comunicación profesional independiente y ésto, en buen español, tiene que ver con el espionaje que, cuando está dirigido al enemigo, podría estar justificado, sin embargo, los periodistas libres lo tomamos como una ofensa, cuando no agresión, porque defendemos nuestra verdad aunque, sin saberlo, podamos estar equivocados.