ALTA POLÍTICA; ALTA TRAICIÓN
Por Gerardo Reyes Gómez. (M 08-14-99)

Alguien del primer círculo del poder está traicionando al presidente. No es posible que a motu proprio puedan cometerse tantos desatinos. Si bien las decisiones de un mandatario son de su entera responsabilidad, él basa sus juicios en la información que posee para poder tomarlas y en la posición de sus asesores y consejeros. Por eso afirmo que entre los miembros de su equipo hay uno o varios traidores.
Un recuento somero de las últimas y más importantes iniciativas presidenciales y su respectivo fracaso, a muchos nos llevarían a la misma conclusión. Recordemos el fallido intento de privatización del sector de la petroquímica básica, con lo cual dejaron agarrados de la brocha a más de un inversionista nacional y extranjero.
Luego vendría la parafernalia del proyecto de privatización de la industria eléctrica nacional, también en éste renglón, y por fortuna, Zedillo tendría que arriar banderas y capitular ante los embates en contra de sus poco patrióticas propuestas.
Casi inmediatamente después de lo mencionado, el presidente se lanzó en pos del desmantelamiento de la UNAM, coordinando personalmente con su directo subordinado, el doctor Barnés de Castro, las acciones para modificar el modelo de educación superior. Una prueba de lo que afirmamos es que: el día que el rector presentó al Consejo Universitario su propuesta para modificar el Reglamento General de Pagos de la UNAM, éste fue recibido en el despacho presidencial de Los Pinos en tres diferentes ocasiones; mañana, tarde y noche, cosa enteramente insólita. De ello derivó un costosísimo y desgastante proceso en el ámbito social. Y la única ganancia política obtenida por el equipo del presidente, fue la de haber disminuido sensiblemente la imagen política de Cuauhtémoc Cárdenas, hasta enviarlo a un claro tercer lugar en las preferencias del electorado para la presidencia. Sin embargo, esa fue una victoria pírrica, por no decir mezquina.
Quizá, para acabar pronto, el error político más grave cometido por el presidente en los últimos tiempos fue haber conformado un "pull" de precandidatos priístas que no le garantizaba el control del proceso de sucesión. Desde el principio, Zedillo incluyó a Bartlett y a Roberto Madrazo entre los priístas que deberían competir para sucederlo (Roque siempre fue un relleno) y ello aun a sabiendas de que su hombre sería don Pancho Labastida.
Quien traicionó a Zedillo le ocultó que Carlos Salinas coptaría por lo menos a uno de esos precandidatos para desestabilizar el proceso, y tampoco le dijeron que el más viable sería Roberto Madrazo. Hoy el sistema político sufre las consecuencias de esa traición.
En lo personal el señor Zedillo me importa un bledo, ni me debe, ni le debo, esto es, ni fu ni fa. Pero lo triste es que, nos guste o nos disguste a millones de mexicanos, su nombre aparece en el membrete de la institución presidencial, y eso sí, como que calienta.