ORTIZ, UN JINETE DEL APOCALIPSIS
Por Gerardo Reyes Gómez. (B 13-08-97)


No cabe duda que los mexicanos viviremos los próximos meses experiencias inéditas en la transición política o ¿acaso alguien se imagina un diálogo entre la cerrazón tecnocrática y el cuestionamiento legislativo opositor?

Imagínese el lector la siguiente, aunque todavía no programada, comparecencia del secretario de Hacienda en la Cámara de Diputados, frente a alguien como el legislador Porfirio Muñoz Ledo (una persona apenas más pequeña que su enorme ego, y esto habla muy bien de su brillante inteligencia y de su notable capacidad discursiva) en dónde Guillermo Ortiz Martínez, entre sudor y sudor, tendría que tragarse los calificativos de vende patrias y protector de banqueros y narcofinancieros. ¿Acaso no es verdad que Ortiz no tiene nivel, como para ser interlocutor de alguien que se lo comería sin cocinar y a pedacitos hasta pitorrearse del líder del Gabinete Económico del Dr. Zedillo?

Muñoz Ledo podría preguntarle a Ortiz cuáles fueron los méritos que tenía para, como en el base ball, robarse la segunda base y llegar "safe" a la Secretaría de Hacienda, cuando los errores de su antecesor propiciaron el reemplazo. Y, lo que sería más embarazoso: ¿qué armas porta, para sentirse presidenciable, si él es uno de los cuatro jinetes del apocalipsis de la pobreza mexicana?

Es probable que, como no quiere la cosa, el señor Guillermo Ortiz voltee la cara al Norte, como pidiendo ayuda y trate de escudarse en la explicación de la bancarrota virtual de nuestro país a finales del 94 y principios del 95, aquella en la que, a su decir, se vio obligado a hipotecar la facturación de Pemex al Departamento del Tesoro de EE.UU., a cambio de un préstamo de emergencia que nos ha costado sangre y, todavía, más miseria pagar. Pero ¿con qué derecho, este señor se siente presidenciable?