EL MODELO DE VIOLENCIA
Por Gerardo Reyes Gómez. (B 19-08-97)


Es probable que don Guillermo Ortiz Martínez quiera creer que la muerte de su hermano mayor fue producto de un incidental infortunio o de una criminal trampa del destino. La mente humana, para protegerse, toma extraños caminos, no siempre apegados a la lógica y, mucho menos, a la realidad.

Como corresponde a un asesor de alto nivel, el ingeniero Luis Martínez Villicaña, de tiempo atrás, debió mencionarle a don Memo que las reglas del juego, en el cual participa el ahora enlutado secretario de Hacienda, son de las grandes ligas; no es un juego apto para principiantes o toleteros amateurs. También debió decirle que el puesto a que aspira don Memo es materia de ambición de los más beligerantes e interesados grupos políticos de la nación. Que está en juego la supervivencia de solidos equipos, los cuales han invertido, aparte de multimillonarios recursos, tiempo, energía y sus expectativas a futuro. Que una docena de muertes o más, no es un precio demasiado alto para llegar a detentar tanto poder, como el de determinar el futuro de 92 millones de compatriotas y usufructuar de un aparato el cual, en términos conservadores, ha llevado a la abundancia económica a algunos miles de familias y ha exigido legítimas posiciones en la lista de la revista Forbes. Sin embargo, no crea don Memo que el asunto es gratis.

Nadie entra al juego del poder de las grandes ligas sin estar decidido a pagar, si el caso lo requiere, su cuota de dolor y sangre. A veces, incluso, pagan justos por pecadores en la carrera para satisfacer la ambición, pero un ejercicio sano estribaría en hacer un alto en el camino y, en profunda reflexión, determinar cuánto se está dispuesto a pagar, de acuerdo a las reglas del juego, recordando que un determinado puesto no brinda inmunidad ni siquiera al presidente Zedillo.