LA UNAM Y LA VIOLENCIA
Por Gerardo Reyes Gómez.

Las enormes limitaciones en materia de sensibilidad política impidieron a Ernesto Zedillo hacer un buen gobierno durante su sexenio. La Presidencia como institución sí funciona, pero el presidente no está capacitado para templar las riendas, con sabiduría y ecuanimidad, del carruaje del poder. La UNAM fue una de las  víctimas de la estulticia.
Es cierto que la Universidad Nacional no es una perita en dulce; en realidad es una institución altamente jerarquizada y políticamente autoritaria. Si tuviéramos que compararla con un modelo de poder en cascada, acudiríamos a la forma piramidal donde en la cúpula se encuentra el rector, conectado con una línea directa con el jefe del Ejecutivo, quienquiera que éste sea, y una junta de Gobierno (conjunto de notables formado por los representantes de los más poderosos grupos de interés al interior de la Casa de Estudios). El poder político de la UNAM dimana de una estructura cerrada de grupos o familias con autoridad e influencia; mismas que ejercen y gozan de privilegios e impunidad. No olvidemos que  las "familias" del poder administran, con una cierta liberalidad, un enorme presupuesto federal destinado presuntamente a la obtención de sus objetivos educacionales. Decir que la negra varita de la corrupción ha tocado en importantes puntos a la institución educativa, no es decir una mentira. Como en el caso de Oscar Espinosa Villarreal, cuando ocupó la presidencia de la Fundación UNAM, o en la administración del doctor Sarukhán Kérmes cuya secretaria particular continúa cobrando veintiocho mil pesos mensuales (más que cualquier académico de tiempo completo).
A pesar de todo, la Universidad es una de las instituciones que, comparada con otros sectores educativos del ámbito federal, muestra una mediana eficiencia. En ella estudia y se forma quien así lo desee, aunque la media de la eficiencia educativa en las últimas décadas, se haya derrumbado peligrosamente.
Los golpes más recios que ha recibido la UNAM en las últimas semanas parten de adentro de la Universidad. Los grupos marginados por la nueva administración, inconformes al ver disminuidos sus privilegios se aprovechan de la inestabilidad política para sembrar provocaciones, insidias y complots.
Aunados a la situación descrita están los intereses de la potencia económica del Norte, la cual utilizando sus servicios de inteligencia que operan en nuestro país, contribuyen a crear el clima de ingobernabilidad y caos político. Recordemos que el imperio también vive un proceso electoral y mientras aquello no se dirima México seguirá pagando  parte de los platos rotos.
Sin embargo, no olvidemos que el dúo nefasto, compuesto por Ernesto Zedillo y Francisco Barnés de Castro, intentó en la Universidad darle una sacudida al panal pero, sin adivinarlo siquiera, lo que hicieron fue abrir la caja de Pandora. Ahora el rector Juan Ramón de la Fuente comienza a conocer niveles de deterioro político  francamente alarmantes y, de continuar por ese camino, en breve se abrirá la posibilidad de la renuncia de un funcionario a quien le entregaron un paquete en franco estado de descomposición.

Huele a podrido en Dinamarca, pero también en la UNAM y hasta en Los Pinos.