BARNÉS, EL TECNÓCRATA DE LA UNAM
Por Gerardo Reyes Gómez.

Debo reconocer al Dr. Francisco Barnés de Castro, gerente general de la Universidad Nacional Autónoma de México, S. A. una innegable virtud política: la de la lealtad. Él es un hombre bien nacido que sabe agradecer y plegarse a la voluntad de quien lo llevó al puesto que ahora detenta; me refiero al señor presidente de la República.

Otro punto de coincidencia que mucho respeto del jefe nato de la UNAM, es su voluntad de realizar un cambio de fondo en una institución que llama a gritos su autotranformación.

Donde quizá comienzan nuestras divergencias es en la distorsión de los objetivos que ahora, inspirada en el modelo del proyecto globalizador neoliberal del dúo Zedillo-Barnés, intentan imprimirle a la gran casa de estudios, vinculándola prioritariamente a la demanda de cuadros profesionales de la iniciativa privada y del sector paraestatal en proceso de privatización. Esta novedosa perspectiva del grupúsculo de Ciencias Químicas que gracias al Dr. Zedillo detenta el poder en la UNAM, hace del Dr. Barnés el primer tecnócrata que rige los destinos de la Universidad.

El ex rector José Sarukhán, corruptón y todo, era un líder del sector científico de la UNAM, el Dr. Barnés no posee el perfil del hombre de ciencia, pero sí el de un técnico de alto nivel con un mínimo de sensibilidad política.

La Ley Orgánica dicta en su Artículo 1o.: "La Universidad Nacional Autónoma de México es una corporación pública -organismo descentralizado del Estado- dotada de plena capacidad jurídica y que tiene por fines impartir educación superior para formar profesionistas, investigadores, profesores universitarios y técnicos útiles a la sociedad;..."

Si el Dr. Barnés interpreta el concepto "sociedad", como la parcialidad de ese conjunto formada solamente por los empresarios y financieros de la IP, y se olvida de los otros 90 millones, que aunque pobres también son "SOCIEDAD", entonces, como su jefe, no pasa de ser otro tecnócrata equivocado.