Linea Directa


ASÍ PROTEGE LA CIA A SUS ASESINOS
Por Gerardo Reyes Gómez (LD 01-04-02)

Algunos miembros de la CIA también saben llorar. Tomemos el caso de “Sérpico” un agente de segunda categoría reclutado en Argentina y de nombre Ricardo Miguel Cavallo quién, con el cargo de capitán de corbeta, pertenecía en ese entonces a la Escuela de Mecánica de la Armada de Argentina y quien con otros se ocupaba, a fines de los setenta, del trabajo sucio del régimen militar, como los interrogatorios, la tortura y, en su caso, el ajusticiamiento de los disidentes civiles. Sérpico fue reclamado por la justicia española quien solicitó su extradición para ser juzgado por genocidio.

Sérpico fue aprehendido en México cuando cumplía una misión especial: la creación de un banco de datos de toda la clase media mexicana, mediante un instrumento legal llamado Renave (Registro Nacional de Vehículos) que con el pretexto del registro coptaba y controlaba información de los propietarios de todo tipo de vehículos, la cual sistematizada y analizada se convertía en un recurso estratégico.

Todo indica que la aprehensión del inculpado fue posible gracias a que un pequeño número de funcionarios mexicanos detectó el oscuro pasado de aquel elemento de la CIA y filtró la información al periódico Reforma, un diario de circulación nacional de filiación derechista. El proyecto del Renave reventó, no sin antes provocar la ejecución del subsecretario de Comercio mexicano de nombre Raúl Ramos Tercero; el único funcionario en nuestra historia que ha sido ejecutado utilizando un “cuter” para desangrarlo. Las autoridades judiciales recibieron línea para explicar su muerte achacándosela e un suicidio. Evidentemente la premura del caso exigió de la CIA la utilización de una insólita técnica de ejecución, cuando ellos prefieren los “accidentes” de carretera.

Ante el hecho de que Sérpico fue a dar con sus huesos a la cárcel, uno de sus más ilustres compañeros que también obedece las instrucciones del Departamento de Estado en Washington, pero de un nivel jerárquico muy superior, a regañadientes concedió la documentación para que el Caballo pudiera ser extraditado, pero asegurándose que el expediente llevara alguna falla para que le permitiera a la defensa de Sérpico ganar tiempo, mientras transcurren los términos de prescripción de los delitos; nos referimos, por supuesto, a Jorge G. Castañeda.

En México, como en cualquier otro país tercermundista, los costos de una defensa jurídica de larga duración son extremadamente altos, especialmente cuando se defiende a un delincuente acusado de genocidio, pero curiosamente Cavallo no ha tenido ningún problema para pagar esos costos; tiene todo el respaldo financiero de la CIA y el Departamento de Estado para cubrirle las espaldas.

Para un canciller mexicano nunca ha sido un problema manipular la justicia y ahora nos encontramos ante el hecho de que argucias aparentemente legales han provocado que haya prescrito el primero de los delitos del que fue acusado: el de tortura. Dentro de dos años a lo sumo prescribirán los otros dos delitos: genocidio y terrorismo, y ya nadie podrá tocar a Sérpico ni con el pétalo de una rosa. La CIA cerró filas para defender a uno de sus agentes, aunque para ello fuera necesario pisotear las leyes mexicanas y su tratado de extradición con España.


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