Linea Directa


CASTAÑEDA Y EL JUEGO DE LAS MÁSCARAS
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 11-02-02)

Cuando bajaba por la escalerilla del incómodo avión paseó la mirada por aquel pequeño aeropuerto que recordaba tan bien y que le hacía pensar en una terminal aérea provinciana, impregnada en todos sus detalles de subdesarrollo. Recordó al terco y viejo Fidel y las numerosas ocasiones en que lo había tratado, pero esta vez sería diferente; ninguno de los dos lo mencionaría, sin embargo, ahora Castro sabía que recibía en su tierra a un enemigo.

Esta vez los aires que barrían la plataforma del aeropuerto no eran tan hospitalarios. Si bien el canciller no sentía en el ambiente hostilidad para él o para la comitiva de la que formaba parte, la verdad era que en esta ocasión sentía que ya no llevaba la mascara de amigo de la Revolución Cubana con la que tantas veces ocultara su verdadero rostro y esto, de alguna manera, también era un alivio. Esta vez llegaba a Cuba representando  no solo la política exterior de su presunto jefe, Vicente Fox Quesada, a quien acompañaba, sino también a sus patrocinadores del Departamento de Estado. Castro lo sabía, y en el juego de la diplomacia, el líder de la Revolución Cubana no podía hacer nada.

Los servicios de inteligencia cubanos, modestos pero eficientes, y en estado de alerta permanente desde el 11 de septiembre del 2001, habían detectado desde hacía varias semanas los pasos que daba la diplomacia mexicana, ahora sujeta a la voluntad directa del Departamento de Estado en Washington; organismo que, a su vez, recibía fuertes como constantes presiones de los grupos de exiliados cubanos viviendo en Miami, Florida, con el propósito de utilizar al gobierno de Vicente Fox para golpear a Fidel Castro y a su Revolución.

Al equipo de inteligencia cubana, siguiendo los pasos al embajador de México en la Habana, Pascoe Pierce, a quien no pocos militantes de la izquierda mexicana han calificado de ser un agente de los servicios de inteligencia británicos, le fue fácil investigar que se preparaba un cambio de rumbo en la política exterior de México hacia Cuba, el cual implicaba un acercamiento directo del Gobierno mexicano con la oposición política cubana.

Por su parte, en un genial golpe de mano, Fidel Castro decidió adelantarse y realizar un acercamiento personal con la oposición política más beligerante a la administración de Vicente Fox e invitó a visitar la bella isla del Caribe a un nutrido grupo de representantes populares de la actual legislatura, misma que ha puesto en jaque al Gobierno foxista en varios rubros, como  la reforma fiscal y los intentos de privatización de la industria eléctrica. Ello desde luego irritó sobremanera al gobierno de Fox y, especialmente a su canciller.

La presencia de Fox en la Habana parecía intrascendente; el personaje verdaderamente importante y el que significaba un peligro real para Castro era su canciller, porque el viejo lobo de la política, sobradamente sabe que la geopolítica del continente no se diseña ni en México ni en Cuba; las directrices vienen de las riveras del río Potomac.

Mientras aún no se enfriaban las turbinas del pequeño avión que regresó a Fox y su comitiva de Cuba, en el Capitolio de Washington, D.C. comparecía el secretario de Estado Colin Powell ante una comisión senatorial y ahí fustigó al presidente venezolano por haberse atrevido a visitar y fortalecer relaciones con algunos países que los EE.UU. consideran sus enemigos, Cuba incluida. Y, como castigo a tal actuación, aceleraron la operación encubierta montada por la CIA desde meses antes, para operar en Venezuela un golpe de Estado, similar al que propiciaron en la República de Chile de Salvador Allende. En cambio, curiosamente, al señor Fox, por haber cometido el mismo “pecado” que el presidente Hugo Chávez, al haber visitado a Cuba, ni siquiera lo regañaron, y sí premiaron a México subiéndole la calificación como país de poco riesgo para la inversión financiera internacional.

Quién mejor que Castañeda para clavarle una cuña por la espalda al terco líder empecinado en morirse en el poder. Quién mejor que Castañeda para representar los intereses de los nuevos Mascanosas y al resto de los numerosísimos cubanos avecindados en Miami. Los mismos que, de alguna amanera, llevaron a la Casa Blanca a George Bush, ya que no debemos olvidar que la elección presidencial estadounidense se decidió finalmente en Florida y fue precisamente para cobrarle a Al Gore y William Clinton, el conflicto del balserito Elián.

¿Quién ha iniciado una campaña en los medios de comunicación de derecha para desacreditar a la Revolución Cubana, afirmado cínicamente que lo hace para defender los intereses de la verdadera República de Cuba y del pueblo cubano? ¿Quién representa mejor que Castañeda los intereses de los EE.UU. en México y en el resto del Continente? ¿Quién convirtió a Jeffry Davidow en un representante diplomático supernumerario?

Y claro, después de lo aquí expuesto, ahora sabemos que Castañeda hizo una excelente labor y se merece una bien ganada medalla del Congreso... pero del de allá.

(LD 18-12-01) http://gerardoreyes.com/page1000.html) LAS MUERTAS DE JUÁREZ (LD 24-11-01) http://geraGENOCIDIO DIRIGIDO AL GÉNERO FEMENINO (LD 2411-01) http://gerardoreyes.com/page985


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