LA UNAM EN BUSCA DE UN LIDER
Por Gerardo Reyes Gómez.


No puedo afirmar que el Dr. Francisco Barnés de Castro, rector de la UNAM, me da lástima, así a secas, sin ofrecer una explicación que involucra, fundamentalmente, a la Universidad. Las instituciones, especialmente las que son garantes del prestigio del Estado, son moduladas por el talento y la calidad de sus líderes y no al revés.
Ignoro los alcances de los compromisos del rector con el presidente de la república para convertir a la Universidad al neoliberalismo, imperante en otros ámbitos económicos y políticos del Estado, pero haber recibido la ayuda presidencial para acceder al cargo de rector se ve que lo ha obligado a adoptar una conducta especial y definida, que no es producto de la reflexión o del consenso universitario. El precario liderazgo ejercido por el Dr. Barnés ha sido incapaz de conjuntar las adhesiones indispensables para un cambio de política general de la Universidad y, sin darse cabal cuenta de esto, ha impuesto, en la práctica, un nuevo modelo de administración de la academia y la investigación.
Desde luego, damos por descontado que mucho puede y debe hacerse para mejorar una institución que pide a gritos una mejor respuesta para el enorme gasto que implica su sostenimiento, ese es uno de sus compromisos permanentes con la nación, pero si bajo el pretexto del eficientismo neoliberal se esconde el reparto de grandes privilegios para los funcionarios, como los altísimos sueldos y compensaciones con los que se han autobeneficiado y la inmoral erogación para la compra de automóviles de lujo, último modelo, asignados a esos funcionarios, especialmente cuando el poder adquisitivo del personal académico ha alcanzado niveles históricos de deterioro, aparte de parecer una situación altamente corrupta, es vejatorio y antiético. Por ello, y por el desdoro de su liderazgo, afirmo que el rector Barnés me da un poco de lástima.