LA UNAM AL SERVICIO DE LA VERDAD

                                           
Por Gerardo Reyes Gómez. (I 23-06-98)

Preocupado el Dr. Francisco Barnés de Castro, rector de la UNAM, porque los universitarios no han dado pasos significativos para acelerar la globalización y su vinculación al entorno productivo empresarial, citó a un conclave de los científicos más connotados de la gran casa de estudios.

La masa crítica de supercerebros universitarios llegó a la conclusión de que existen varias alternativas para solucionar el problema, pero estas no podrían intentarse, sin previo ataque frontal a los males endémicos de la sociedad política mexicana. Esto es, sin abatir la corrupción, la impunidad, la tendencia a la autodestrucción y la propensión a la autodenigración.

El grupo de estudiosos, cuyos nombres nos reservamos por razones que pronto serán obvias, consideró que la causa de los males endémicos mexicanos debería estar en los genes de nuestra raza. Así se convocó a los genios de la ingeniería genética para tratar de aislar, en la cadena del ADN, aquellos genes que nos hacían esclavos de la corrupción.

Ni tardos ni perezosos los genetistas solicitaron células de los Sres. Zedillo, Ortiz, Gurría, Fernández, Sacristán, Téllez y Blanco y, para hacer representativa la muestra, también solicitaron células vivas y a todo color de Palacios Alcocer, de Rodríguez Alcaine, de Humberto Roque, Arturo Núñez, Carlos Rojas, Carlos Hank, Jorge Lankenau, de "El Divino" y del mismo Barnés.

Cuando se presentó el reporte de los ingenieros en genética al rector, éste no lo podía creer, el perfil de las células de la muestra era casi idéntico. Todos poseían, en mayor o menor grado, los genes característicos de nuestra identidad. Y aquello de "la corrupción somos todos", resultó rigurosamente cierto.

Aislar los malos genes de la cadena sería relativamente fácil, pero ¿quién tomaría la responsabilidad de cambiar la identidad nacional en las nuevas generaciones? ¿Quién está libre de culpa para situarse por encima de los demás, si ni siquiera se atrevieron, en plena globalización, a vislumbrar el cambio constitucional de la Ley Orgánica de la UNAM?