UNA VOZ DE ALTURA

ALEJANDRO DÍAZ CAMACHO

  

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NO MANCHES PROCURADOR

Hace más de tres meses, Javier Coello Trejo, abogado defensor del ex director general de Petróleos Mexicanos (Pemex) Emilio Lozoya Austin muy cercano a Enrique Peña Nieto, a Odebrecht y a OHL, sembró sin éxito en medios de comunicación, la exigencia de que la Procuraduría General de la República (PGR) diera cita a su cliente para ‘‘defenderse’’ de las versiones periodísticas de que presuntamente recibió sobornos por 10 millones de dólares de la empresa brasileña Odebrecht y para que la verdad jurídica del caso se pudiera precisar y conocer. Una verdad jurídica que mañosamente tiende a construir una imagen de inexistencia o insolvencia de esas acusaciones.

Doblegado por la mediática y justiciera exigencia, el procurador Raúl Cervantes Andrade recibió al excompañero de la campaña electoral de Peña Nieto (2012) y de inmediato le hizo saber que en la documentación oficial de su madriguera no existen referencias sobre presuntos actos de corrupción en su contra, en específico, nada de nada respecto de los señalamientos publicados en “O Globo” de Brasil y en medios mexicanos, de que él recibió los millones de dólares por parte de algún directivo de Odebrecht. Lozoya, feliz por el gesto de su buen amigo el procurador y por el selectivo regalo judicial recibido, se reservó su derecho a declarar ante la PGR y como quien dice, sólo fue de visita para salir en la foto y verificar el archivo de las injusticias y los casos no resueltos.

Por la tarde, Lozoya y sus abogados, acudieron a una conferencia de prensa. Coello Trejo, dijo que en Brasil su cliente no ha sido requerido por ninguna autoridad ni tampoco en otro país. Lozoya, se quejó una y otra vez de ser acusado sin pruebas de las maniobras ilícitas que se le atribuyen en un expediente brasileño y se declaró químicamente limpio de todo. Mantuvo cuidadosamente esa objetividad que en el contexto de la justicia mexicana le resulta muy conveniente, (puede ser que esas acusaciones no existan; que sea inocente o esté exculpado de esos cargos). ¿Entonces cómo han surgido las acusaciones? Emilio, cínicamente se envuelve en la bandera de la defensa de los supuestos logros reformistas de su patrón Peña Nieto y quiere hacernos creer que los señalamientos provienen de grupos que no están a favor de tales reformas, en particular de la energética. Sin inmutarse, afirma que hay quienes toman referencias de medios y filtraciones judiciales brasileñas para utilizarlas contra la grandiosidad reformista y petrolera del gobierno federal en turno. ¡Bravo, Bravo!

En momentos, el ex coordinador de vinculación internacional de la campaña presidencial de Peña Nieto se muestra desafiante y mantiene una actitud de seriedad sombría combinada con tonos y gestos faciales, que en momentos evocaban aquel ridículo video de noviembre de 2014, estelarizado por Angélica Rivera “La Gaviota” para presentar, en una especie de reproche público, su versión de la manera en que adquirió con el esfuerzo de su trabajo el lujoso inmueble llamado la Casa Blanca, caso que forma parte de otra verdad histórica.

Mientras que en Brasil y otras naciones latinoamericanas se difunde información de los funcionarios que recibieron sobornos de Odebrecht. En México, la evidente jugada jurídica-mediática de Lozoya-Coello, se complementa con el hecho de que la Procuraduría General de la República (PGR) decidió reservar por un periodo de cinco años todos los informes, reportes y órdenes de investigación relacionados con el caso. Por lo tanto, el expediente de los poderosos sobornos ha sido puesto bajo amistosos candados. ¿Por qué será? Acaso Lozoya no será tocado por el gobierno de Peña Nieto. ¡No manches Procurador!

La razón no hay que buscarla en expedientes judiciales, sino en la reforma energética y sus entretelones: ¿Cómo se diseñó, con quién se pactó la transmisión de los recursos petroleros de la nación a empresarios privados, porqué bajó la producción y la refinación? Toda esa reforma implicaba dejar caer a Pemex y todos sus procesos. La meta se cumplió cabalmente, producción y refinación a la baja, se privatizan procesos, se presentan huachicoleros y mucha corrupción impera en la empresa. De eso sabe mucho Lozoya. Como colofón o mal chiste de cantina, Odebrecht ganó una licitación de 115 millones de dólares para hacer una barda perimetral de la refinería “Bicentenario” en Tula, Hidalgo, y dice tajante la PGR: En el caso Odebrecht, todo el peso de la ley, sin excepciones. De nuevo, ¡No manches Procurador! Te lo ganaste a pulso.

 Por ALEJANDRO DÍAZ CAMACHO

21 de AGOSTO de 2017

 

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