UNA VOZ DE ALTURA

ALEJANDRO DÍAZ CAMACHO

  

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MIOPÍA PRESIDENCIAL Y JUSTICIA CABAL.  

El acto criminal que segó la vida del periodista Javier Valdez Cárdenas, llevó a la Presidencia de la República a convocar con urgencia la reunión del gabinete de seguridad con gobernadores en Los Pinos. Ahí, el presidente Enrique Peña Nieto con su estilo demagógico característico, admitió la profunda herida abierta en la sociedad a partir de la violencia contra periodistas y defensores de derechos humanos y anunció tres medidas extraordinarias ante la grave situación que encaran los comunicadores: mayor presupuesto y estructura para el Mecanismo de Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas; establecimiento de un protocolo nacional de operación ante las agresiones al gremio, y fortalecimiento de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos contra la Libertad de Expresión (Feadle).

Según el glaucoma que aqueja a la visión presidencial, “no se mata la verdad matando periodistas”. El homicidio contra representantes de la prensa muchas veces es síntoma de un fenómeno mayor de impunidad al que se debe poner punto final con la acción de los tres poderes y órdenes de gobierno, porque a la ciudadanía no le interesa a qué autoridad compete el esclarecimiento de esos crímenes. Espera tres cosas: Resultados lo más pronto posible, que ninguno de estos delitos cometidos quede impune y que los agresores no escapen a la justicia. En síntesis exige que la violencia no sea parte de la vida cotidiana.

Peña Nieto agregó que al Estado mexicano, corresponde otorgar garantías para el ejercicio de la labor periodística, especialmente ante la amenaza que hoy representa el crimen organizado, en ocasiones infiltrado en instancias de gobiernos locales, particularmente en ciertas regiones del país que en conjunto debe distinguirse por salvaguardar la libertad de expresión y no podemos ni debemos ceder ante la violencia.  

Pero la cruda realidad nos dice otra cosa, robos y asaltos, secuestros, asesinatos y extorsiones son el pan de cada día. En el caso del crimen del periodista Javier Valdez Cárdenas, a más de 5 días de iniciadas las investigaciones, la Fiscalía General de Justicia de Sinaloa no tiene ningún avance sobre el caso. Dando palos de ciego, el fiscal Juan José Ríos Estivillo, no ha establecido aún cuántos fueron los agresores, no ha podido identificar a algún grupo del crimen organizado como responsable del homicidio, desconoce la ruta por la que huyeron y no ha precisado siquiera si alguna cámara de video grabó su recorrido por las calles de Culiacán. Señaló que la principal línea de investigación está relacionada con su actividad periodística, aunque aclaró que aún no se descarta la posibilidad de que el asesinato se haya cometido para robarle el vehículo en que se transportaba.

En este contexto, sin muchas esperanzas y sabiendo que el destino de la mayoría de los casos, es cerrar el expediente sin hacer justicia. ¿Qué esperaríamos del gobierno estatal y del federal? Esperaríamos por enésima vez, que se abocaran a investigar y castigar este crimen, exigiríamos autoridades limpias en las que se pueda confiar para denunciar las amenazas, una policía que no se vincule con el narco, una Marina y un Ejército que vuelvan a ser ejemplo de probidad, que se persiga a narco políticos y banqueros coludidos y que se acabe de una vez por todas, la impunidad y la corrupción de nuestros gobernantes. Exigimos no más miopía presidencial, sino justicia integra y cabal. ¿Será mucho pedir?.

 

 Por ALEJANDRO DÍAZ CAMACHO

22 de MAYO de 2017

 

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