UNA VOZ DE ALTURA

ALEJADRO DIAZ CAMACHO

  

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NO SE MIDIÓ EL JEFE DE LAS AUTODEFENSAS DE LOS PINOS 

Muy orondo el señor Peña Nieto, después de despachar con sus socios, y el grupo de sus asesores que anda por ahí presumiendo que nadie que rete al poder central, por expresar libremente sus ideas políticas, quedará impune.  

Hoy el señor Peña se siente muy orgulloso de haber enchiquerado al doctor José Manuel Mireles Valverde, en un penal federal sinaloense de máxima seguridad, por haberse atrevido a decir públicamente, que el señor Alberto Castillo, Comisionado Especial del presidente en Michoacán es un mentiroso. 

Esa fue una acción política dolosa por parte del priísta más poderoso de la estructura gubernamental y no cabe duda de que el doctor Mireles Valverde, quien fuera el jefe de todas las fuerzas populares de autodefensa de Michoacán, está encarcelado esperando un juicio por parte de la "ciega" justicia que deberá dilucidar si las pruebas presentadas por miembros del Ejército Nacional y la Procuraduría General de la República, son reales o, como casi todo el resto del país creemos; que son incriminaciones prefabricadas.  

El discurso pronunciado por el doctor Mireles Valverde, un día antes de ser detenido, el 25 de junio pasado, es de toral importancia para comprender los porqués de la burda maniobra gubernamental. Las claves de la verdad son visibles hasta para el más idiota de los analistas políticos, en esas palabras pronunciadas ante los habitantes de una pequeña, pero muy respetable comunidad michoacana de La Mira, se denota la  verdad del líder de las autodefensas, porque ellos no tomaron decisiones en forma aislada, sino fueron tomadas como una acción concertada, y en contra la delincuencia organizada que tenía en ese momento sitiada a la una buena parte de la comunidad michoacana. 

Sin embargo, ahora el señor Peña Nieto ya tiene a su primer preso político relevante a buen recaudo y espera hacerlo papilla tan pronto bajen las demandas populares para que sea excarcelado.  

No esperemos un milagro de parte de la justicia a la mexicana, más bien la organizaciones populares de todo el país, deberán mostrar su solidaridad con una persona que sufrió pérdidas de sangre, entre los miembros de su propia familia, y aún así se atrevió a decirle al gobierno sus verdades. Si ese es su único delito, muchos somos delincuentes y a ver si pueden encerrarnos a todos por decir nuestra verdad.

POR GERARDO REYES GÓMEZ

28 de JULIO de 2014

 

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