UNA VOZ DE ALTURA

ALEJANDRO DÍAZ CAMACHO

  

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EL PRÓXIMO PRESIDENTE editorial

El próximo presidente de México, no importa quién sea el elegido, tendrá que superar los retos propios de un país que no alcanza a superar el cúmulo de rezagos en materia económica, justicia, bienestar social y sustentabilidad, tendrá además, que sortear la nada envidiable tarea de lidiar con el nefasto e indescriptible Donald Trump. A estas alturas, seguramente recibirá el mismo trato descortés, si no es que despectivo, que se le ha dispensado al indefenso y agazapado Enrique Peña Nieto. Tal vez será peor, porque la rabia que al magnate americano le causan los países extranjeros es tal que ya no distingue entre aliados y adversarios.  

De las herencias que serán recibidas por no importa quien, nadie imaginaría que el canciller Luis Videgaray Caso pensó que las amabilidades de su amigo, Jared Kushner, el yerno de Trump, venían acompañadas del Tratado de Libre Comercio, y de la hipocresía de juramentos de amistad eterna. Puros engaños, cuando lo hizo, definitivamente perdió de vista el escenario, y tal desatino diplomático nos puso a todos los mexicanos en una penosa situación de humillación que ensombrece la cruda relación bilateral y las perspectivas para el futuro. Para imaginar lo que le puede ocurrir al nuevo presidente mexicano y su gobierno, tendríamos que mirar lo que ocurrió en la cumbre del G-7 en Canadá, donde la furia que le provocó el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, podría querer descargarla en México, aprovechando que ante la incertidumbre y fragilidad de un nuevo gobierno estaría más desprotegido.

Ahí, en esa cumbre, el arrogante presidente de Estados Unidos estuvo dispuesto a jugar con las reglas de la diplomacia, en público, aunque privadamente se rebeló contra esas restricciones y fue el de siempre. Demandante, insolente y egocéntrico. Maltrató a uno por uno de los líderes de los países más ricos del mundo, exponiéndolos a una andanada de reclamaciones, seguida de una advertencia que hubiera sido sobrecogedora si no supiéramos que dar por terminado el libre comercio sería para Estados Unidos mucho más costoso que para el resto del mundo.

Amigo lector, no cree usted que se le olvida a Trump que la fuerza de Estados Unidos depende de su presencia en el mundo, de las actividades de las compañías estadounidenses en el exterior, de sus exportaciones. Se le olvida también que las organizaciones internacionales que han sido el pilar del orden mundial desde 1945 fueron creadas por Estados Unidos mismo, como un recurso eficiente para el ejercicio de su hegemonía. De la misma forma que se empeña en ignorar los beneficios que el TLCAN ha significado para millones de familias en Estados Unidos. Ciertamente, no son pocas las que, por el contrario, han sufrido el impacto de la globalización y que en México ha ocurrido algo similar.

Nadie ni siquiera el próximo presidente mexicano podrá sugerirle al presidente de Estados Unidos que revise en el mediano plazo su convicción de que el mundo se ha aprovechado de la estupidez y de la complacencia de sus antecesores, que, según él, se dejaron tomar el pelo por una bola de gobiernos extranjeros abusivos. De manera que, el próximo ungido con la banda tricolor y el águila comiéndose a la serpiente, tendrá que ganarse su confianza, que podrá hacerlo sólo si se porta como un botones (bell boy); y como es muy probable que ni así lo logre, el futuro elegido y su equipo tendrán que imaginar, con astucia y argumentos sólidos, cómo van a defender el interés nacional de los embates de Trump y del mundo globalizado que nos acechan. Sería bueno reflexionar sobre esta crítica posibilidad ¿No lo cree Usted?

                                                                             Por ALEJANDRO DÍAZ CAMACHO

18 de Junio de 2018

 

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