UNA VOZ DE ALTURA

ALEJADRO DIAZ CAMACHO

  

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EL PODER POLÍTICO DE UNA NACIÓN NO SE COMPARTE. 

 

(Lo que le gustaría escuchar a más de cien millones de mexicanos.) 

 

A los honorables miembros del Congreso de la Unión y al pueblo de México:  

En los próximos días enviaré a esa H. Legislatura mi solicitud de licencia definitiva, dado que, en nuestro país los cargos de elección popular no son renunciables, para separarme de mi responsabilidad como presidente de la República, por razones y causas de fuerza mayor. 

Considerando que una de las primeras obligaciones fundamentales de mi cargo es la de mantener la paz social del país y el derramamiento de sangre inocente y en el tiempo que llevo desempeñando el puesto de Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, ha habido múltiples expresiones en sentido contrario, afirmando que en esta responsabilidad hemos fallado, tanto el solicitante, como todo el resto de mi equipo de trabajo, me veo en la necesidad de abandonar el cargo para el que fui electo. 

Antes de que el pueblo me lo demande, debo reconocer que las metas que me había propuesto, para brindar el mayor de mis esfuerzos dedicado a los objetivos que me había propuesto, estos resultaron infructuosos, para cumplirle a la Nación, no se dieron en la forma esperada y temiendo que esto, contra mi voluntad, no me ha permitido cumplir con el mínimo de las expectativas de la mayoría de los mexicanos, le haré un bien a la Nación si me retiro, antes de que otro baño de sangre riegue nuestro presente y afecte el futuro de la República.  

Si bien mis intenciones creo que siempre fueron buenas, no logré conformar un equipo de alta calidad entre mis colaboradores más cercanos y los resultados están a la vista. La economía del país está en franca bancarrota, el patrimonio Nacional se encuentra muy disminuido y cada vez más comprometido. Aumenta a pasos agigantados el hambre social, entre la mayoría de los mexicanos, mientras en las elites se observan una indecorosa riqueza, producto de la más espantosa corrupción.  

Con toda sinceridad confieso que me voy derrotado y avergonzado por no haber podido incrementar el prestigio de nuestras instituciones, tanto al interior, como en el plano internacional, del concierto de las naciones hermanas. En mi fuero interno siempre creí que lo estaba haciendo bien, pero la cruel realidad fue que yo mismo y mi gobierno fallamos y debemos pagar el precio. Eso es lo menos que podría intentar para reivindicar y tratar de salvar algo de lo ya perdido. 

Les ruego no ser tan duros conmigo, cuando elaboren sus juicios,  casi podría jurar que no hubo dolo en mis decisiones. Fue una estúpida inexperiencia y falta de preparación, talento y capacidad que mis amigos y promotores me impidieron ver. Aquí entre nosotros, creo que me utilizaron para cumplir sus espurias metas e intereses personales y de grupo. Como Televisa que puso en mi boca palabras que yo nunca pronuncié. 

Sin embargo, no había maldad en mí, como la de otros de mis predecesores que se sirvieron con la cuchara grande, y ahí están las pruebas a la vista, mi fortuna personal es casi ridícula, si se la compara con algunos de los más rancios capitales que lograron ellos reunir durantes sus gestiones. 

Mexicanos, agradezco su comprensión y su indulgencia. Y espero que la próxima vez que puedan dormir, atemperen sus insultos e imprecaciones, mientras concilian el sueño. La paz sea con ustedes.

POR GERARDO REYES GÓMEZ

02 de MARZO de 2015

 

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