UNA VOZ DE ALTURA

ALEJADRO DIAZ CAMACHO

  

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Es deplorable, por decir lo menos, el triste fracaso de las leyes secundarias de telecomunicaciones que denotan el gran cinismo al que han llegado nuestros legisladores y personal de "expertos" en los medios de comunicación. Lo menos que han logrado todas esas acciones organizadas en los foros del interés, es transmitir el poco respeto o desprecio que sienten por la audiencia especializada y en general por el público interesado. 

La conclusión más importante a que han llegado es hacerlas parecer como rémoras al servicio del poder, si no es que de plano, parezcan discusiones de lavadero de asuntos que deberían ser fundamentales para la arquitectura de un país, sano y equilibrado dispuesto a vencer en el futuro los retos de un país moderno, dinámico y con futuro positivo. 

Sin embargo, no lo están haciendo, porque del menor análisis de su desempeño, se decanta suciedad y, también, tratarle de ver la cara a una audiencia ansiosa de leyes limpias y transparentes. Todo el asunto apesta a beneficiar los acuerdos entre el poder político federal y el gran "duopolio" de los concesionarios de la televisión, empeñados en una guerra desigual y manipuladora para seguir prevaleciendo con todos los actuales vicios que las aquejan. 

Los mexicanos somos muchas cosas, pero no un enorme conjunto de estúpidos que se tragan los cuentos chinos diseñados para ignorar que la riqueza que genera la industria de las telecomunicaciones esta repartida y perfectamente politizada, bajo acuerdos tomados en las tinieblas cubiertas por el poder político de la Presidencia de la República.  

Si Enrique Peña Nieto está sentado hoy en Los Pinos es, entre otras cosas, debido a sus negociaciones con los hombres que hacen usufructo de las comunicaciones. Eso se puede oler, sentir y palpar a kilómetros de distancia. Todos esos equipos de "expertos" cobran pingues ganancias que mantienen gracias a las concesiones otorgadas por el poder político del Estado mexicano.  

Los prohombres que dirigen los llamados poderes fácticos cobijan la podredumbre y mantienen desinformada a la mayoría ciudadana. Ellos no trabajan para el bien común y la ciudadanía, sino para satisfacer sus apetitos, incrementando sus ya fabulosa fortunas. 

Sin embargo, ya solo los niños son susceptibles de engaño, los demás no nos las tragamos, debido al triste espectáculo que están ofreciendo en estos días.

POR GERARDO REYES GÓMEZ

07 de Abril de 2014

 

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