UNA VOZ DE ALTURA

ALEJANDRO DÍAZ CAMACHO

  

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LO ENTENDIÓ MAL

Enrique Peña Nieto joven malentendido desde el principio de su gestión presidencial, lo volvió a entender mal. Después de llegar de la magra gubernatura del estado de México, no entendió que ejercer un cargo público supremo, permite al individuo demostrar la capacidad que como seres humanos tenemos para ayudar a nuestros semejantes y no ocuparlo para beneficio personal, conducta común que como sociedad hemos normalizado en nuestros días y que ya se convirtió en costumbre.  

Lo entendió mal porque el verdadero poder se debe ejercer con virtud, con honestidad, con espíritu de servir y porque los servidores públicos se obligan a ejercer el verdadero poder del Estado, para servir y no para fomentar un poderío personal, ilegítimo y efímero. Lo entendió mal porque aquel individuo que aspire a ser poderoso y más chingón que los demás, debería hacer exactamente lo que los otros no hacen, es decir, utilizar el cargo público para servir a los demás. Enrique y muchos de sus colaboradores nunca comprendieron que el poder por sí mismo no corrompe, más bien las personas se corrompen al ejercer el servicio público de manera indebida, sin vocación de servicio, sin carrera pública y con la ambición personal que no les otorga la Constitución pero si él cargo.  

Peña Nieto lo entendió mal, tal vez porque las etimologías no llegaron a su pobre coeficiente: la palabra poder, proviene del latín vulgar poseere y ésta a su vez de posse, que en términos generales implica la idea de capacidad, posibilidad, e incluso potestad. En su significado encontramos cuando menos dos acepciones: Como verbo es vista como capacidad, facultad, habilidad o autorización para hacer algo. También se le define como la posibilidad de imponer la voluntad propia sobre otras personas, acepción última que podemos identificar como poderío, que a su vez, se relaciona con la noción de imperio, dominio o capacidad de imponer un mandato para diferenciarla de la primera.

Si el concepto del poder se traslada al ámbito del Estado, veremos que éste se formaliza en lo que se ha dado en llamar soberanía, la cual puede ser definida en términos generales como la capacidad que tiene la sociedad o el pueblo de tomar sus propias decisiones sobre su forma de organización sin la intervención de agentes externos, no hay un poder por encima del pueblo. Dicho de manera coloquial, y tal vez así lo entendió Enrique, aunque se mueran de hambre, ya chingué, y ahora puedo hacer lo que yo quiera. Por supuesto que lo entendió mal.

No señor Don Chingón, el único poder que debió haber ejercido durante su mandato lleno de corrupción, injusticia e impunidad, es el de haber servido a la sociedad y aunque ya es tarde, no se olvide que servir a nuestros semejantes, es una oportunidad que tenemos de ser más humanos y Usted, lamentablemente la desperdició, sencillamente porque el pueblo se dio cuenta que lo entendió mal.  

 

 Por ALEJANDRO DÍAZ CAMACHO

11 de DICIEMBRE de 2017

 

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