UNA VOZ DE ALTURA

ALEJANDRO DÍAZ CAMACHO

EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL EDITORIAL   nuevo.jpg (5064 bytes)

BERRINCHE, CAPRICHO Y NECEDAD

En su clásico trabajo sobre las regiones económicas en México, a fines de los años 60 del siglo pasado, el geógrafo francés, Claude Bataillón, dibujó con trazo firme dinámicas económicas poco conectadas e insustentables en la región sureste de nuestro país que para él, era todavía inexplicable su aislamiento. Capturó la imagen de un territorio calizo sin corrientes de agua superficiales, esenciales para la vida productiva en sus zonas pobladas del noroeste; selva en la mayor parte hacia el sur, amén de barreras coralíferas que disminuyen la potencialidad de la economía basada en las vías marítimas. Sus reflexiones sobre la debilidad de la economía regional, fueron acertadas y lo llevaron a concluir que en este país “las relaciones de confianza se tejen lentamente”, o que México “ha sido siempre una sociedad violenta con apariencia civilizada”, rasgos no muy favorables, que aún prevalecen.  

En la fase histórica que le correspondió, observó en el estado de Yucatán, la declinante agroindustria exportadora basada en el henequén y un débil sistema de pueblos y ciudades dispersos con poca movilidad. En Campeche, la actividad económica de su puerto principal para exportar maderas finas arrancadas a la zona selvática, y en el territorio de Quintana Roo, escasa población extra peninsular, con una base productiva basada en la explotación del chicle en Chetumal. Ésta marcada debilidad se reprodujo en los años siguientes, y ya sea por berrinche, capricho o necedad, siguió marcando el paso hasta nuestros días.  

La agroindustria del henequén desapareció, a su paso dejó efectos sociales terribles; en la Sonda de Campeche, la explotación petrolera creó una economía de enclave en el estado, y en Quintana Roo, desde los años 70, el polo turístico de Cancún provocó una acelerada, desordenada y especulativa urbanización, que gradualmente depreda el medio natural y zonas arqueológicas en la costa norte del estado. La aguda asimetría sostiene hoy con alfileres la magra economía con que estos  estados se colocan en el tablero nacional. Yucatán, a pesar de su rápido crecimiento manufacturero, participa tan sólo con el 1.2 por ciento de la producción nacional industrial; Quintana Roo, 0.2 por ciento y Campeche, 0.1 por ciento.

¿Y entonces, el proyecto del tren, que significa para esta región de profundas desigualdades? Para su principal promotor el Fondo Nacional de Turismo (FONATUR), el tren Maya no es sólo un tendido ferroviario. Obviamente, con 30 estaciones y 18 polos de desarrollo, es una iniciativa de reordenamiento territorial y de transformación de movilidades, urbanización e industrialización, que se inscribe sobre tierras ejidales, financiadas, no por recursos públicos, sino por instrumentos financieros híbridos, a través de un Fideicomiso de Infraestructura y Bienes Raíces, llamado Fibra Tren Maya (arrendamiento y valor agregado de la tierra ejidal). Para los pueblos originarios y aquellos que conocemos poquito de la región, lo único que percibimos con las estructuras económicas y dinámicas existentes son tres hechos:

A partir de Mérida, Yucatán continuara sus procesos de industrialización y metropolización desordenados basados en salarios extremadamente bajos y actividades de muy poco valor agregado; En Quintana Roo, crecerá el berrinche del alocado urbanismo que agrede y acaba gradualmente con zonas arqueológicas y con el medio natural de la costa caribeña y en el estado de Campeche, el de la economía más débil, se agudizará la rendición de una actividad petrolera desequilibrante en las dos ciudades de la costa. En síntesis:

Sí dentro de tres años, el tren Maya no revierte la trayectoria de desigualdad peninsular y no alcanza a ser una infraestructura que en su conjunto desencadene nuevas capacidades laborales, emprendimientos locales y reglas claras para asegurar la sustentabilidad y el respeto a las comunidades originarias, entonces, como otras tantas, será una obra, imaginada, ilusionada, creada y abandonada maquiavélicamente por el trinomio berrinche, capricho y necedad, que tanto afecta al erario federal y agudiza la pobreza del pueblo de México.

 

                                                                            Por ALEJANDRO DÍAZ CAMACHO

25 de Marzo de 2020

 

LINEA DIRECTA GERARDOREYES.COM DERECHOS RESERVADOS.   regg48@hotmail.com