UNA VOZ DE ALTURA

ALEJADRO DIAZ CAMACHO

  

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LA CRISIS DE LA DEMOCRACIA EN MÉXICO 

En el pasado reciente de México se ha vivido una injusta división y marcada separación entre el gobierno y sus gobernados que amenaza con la disolución del pacto social que usualmente unía a la República. 

El cambio sufrido por las principales instituciones hace prever un choque entre dos pesadas locomotoras que generará violencia, dolor y sangre entre dos entidades que, como están las cosas, no pueden subsistir por mucho más tiempo. El numeroso grupo de nacionales viviendo en la indigencia y una clase privilegiada gobernante que se siente dueña de todos los recursos materiales y posesiones nacionales. 

Por más que las instancias que se ha dado la sociedad política para su protección como son, por ejemplo, la Comisión Nacional de Derechos Humanos y otras, no menos importantes, instituciones que buscan atemperar los ánimos y las divergencias entre los sectores en conflicto, no se le ven vías de solución a los diferendos. Crecen la injusticia social, los retrocesos en la aplicación de la justicia a secas, y los autoritarios e irritantes modos y formas de conducir a una nación que pretende presentarse como democrática, cuando en realidad, el concepto ya ha sido prostituido hasta limites intolerables. 

Mientras el Gobierno Federal se arma con equipos modernos para la defensa de sus pseudo instituciones, con lujo de dispendio, en momentos en los que la crisis económica tiene postrados a los miembros de la mayoría más afectados por el hambre y la carencia de satisfactores, casi indispensables para la vida, el boato hace presencia en los grupos privilegiados como para refrendar lo que ya sabemos; que hay dos sociedades conviviendo en el territorio: el que vive al amparo del poder político dirigido por una plutocracia desvergonzada y terriblemente autoritaria y el otro numeroso grupo de desposeídos, quienes carecen de casi todo para subsistir. 

La moneda está en el aire y justo antes de que caiga al piso, la nación se dirige a una espiral de violencia social que cambiará hasta los cimientos la estructura de nuestro gobierno. Pero antes, se sufrirán incruentas matanzas de grandes grupos de población cuyo único pecado fue nacer en el periodo en que un PRI, traidor y enormemente cínico, llegó a dividir el país que había sobrevivido  una justa revolución que luego fue traicionada. 

Qué falta para que importantes grupos de ciudadanos se lancen a las calles con pancartas en las que se lean mensajes como éstos: "Has patria, mata a un diputado o a un senador de la república. O ¿como éste, acaso; sé un patriota mata a un empresario archimillonario corrupto y contaminador.

POR GERARDO REYES GÓMEZ

27  de JULIO de 2015

 

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